dilluns, 11 de gener de 2016

Y Mas abandona el Palau de la Generalitat...

Us deixo al bloc l'article que el diumenge 10 em va publicar Sin Permiso http://www.sinpermiso.info/textos/la-especial-situacion-de-cataluna-dossier dins d'un dossier especial sobre la situació a Catalunya, en el que també hi ha articles de Xavier Domènech i Guillem Martínez. 

En una primera valoración, casi de urgencia sobre la investidura en tiempo de descuento, seguro que hay aspectos que tendrán más relevancia de lo que ahora conocemos. Incluso de lo sabido el sábado al domingo hay cambios. Creo importante fijarse en los hechos y no en el relato que se nos quiere explicar, especialmente desde las esferas del partido de Artur Mas, que ya en la rueda de prensa quiso presentarse como el “vencedor moral”.
Lo que exigía la CUP se ha cumplido. Artur Mas no será President de la Generalitat. Lo que pedía mucha gente opuesta a sus políticas de recortes y privatizaciones se ha producido: Mas no será President. La pieza más importante ha caído. Cierto el nuevo President pertenece al mismo partido y ha sido, eso dice Mas, designado a por él. Habrá nuevo gobierno con un 45% de consejeros propuestos por ERC. La crisis no está resuelta, ni de lejos, la inestabilidad continuará.
Las izquierdas partidarias de un proceso constituyente propio, tienen una nueva oportunidad para dialogar, compartir y construir una alternativa en la que ejercer la soberanía social y nacional para la mayoría en Catalunya, cuando esa nueva crisis estalle. Ganar la hegemonía es la tarea.  

El no de la CUP a Mas de hace una semana llevó a una situación de crisis que parecía, ante la negativa rotunda de Mas a renunciar a su investidura, llevaba implícita la convocatoria de nuevas elecciones. No ha sido así. Finalmente la crisis se ha resuelto in extremis, Pero la crisis no se ha cerrado. Los componentes que la alimentan siguen ahí.
Se ha cerrado en falso… y rebrotará en cuanto los pasos que ha de dar el nuevo gobierno hacia la ruptura y la República Catalana (la desconexión en la terminología de la declaración del 9 de noviembre) bajo la batuta de CDC sigan el camino de las famosas “estructuras de Estado” que nunca se ejecutaron o no pasaron de intenciones en un Decreto o propuesta de Ley. Y ahora sin Mas de President.
El nuevo gobierno nace debilitado
Debilitado por las forma en la que surge, con un President designado a dedo por Mas, la rueda de prensa sirvió para dejar bien claro quién ungía a quién (al estilo convergente si Pujol nombró a Mas, Mas lo hace con Puigdemont) y por la manera en la que el gobierno logra una “estabilidad” parlamentaria que no fruto de un acuerdo, sino impuesta desde la absoluta desconfianza a la CUP. En la rueda de prensa, Mas llegó al extremo de privarla de su libertad de acción parlamentaria, de tutelar sus votaciones con la incorporación de dos diputados en el grupo de JxSI, la dimisión de dos diputados y el cambio de los que sea preciso para asegurar todo lo anterior. El tono del relato era el del “ojo por ojo, diente por diente”.
Más allá de la votación de investidura a la que la CUP ya había dado su apoyo a cualquier otro candidato, habrá que ver cómo se materializa todo esto. Primero, hay que reconocer que la CUP ha cumplido su palabra: no investirán a Artur Mas. Las draconianas medidas del documento que comprometen a la CUP durarán hasta que la CUP quiera o pueda. Bien pronto habrán votaciones en las que veremos hasta dónde llega ese compromiso o en la propia aprobación de los presupuestos. El concepto de estabilidad parlamentaria será muy diferente para la CUP, como ya se intuyó en las declaraciones de su portavoz o la explicación que han hecho el domingo por la mañana; que para CDC, para la cual  “todo es procés” pues criticar cualquier acción de gobierno, ahondar en los casos de corrupción, privatizaciones,  negocios vinculados a concesiones públicas o no darle apoyo en medidas concretas, implica desautorizar al “gobierno del procés”. ERC sabe muy bien de que va todo esto porque lo sufrió en sus carnes la legislatura anterior, pero aun así se desmarcó varias ocasiones.
Lo que Mas anunció por activa y por pasiva que no pasaría, ha pasado.
Como dice el dicho: aunque la mona se vista de seda mona se queda.  Naturalmente que Mas ha renunciado porque, a pesar de los costes, los beneficios son  superiores. Renunciar ahora daba a CDC algo que tras las elecciones no tendrían: el control de los tempos y conservar la hegemonía del proceso, impedir que operara el eje derecha-izquierda en el proceso, seguir gestionando el 27s y algo imprescindible para todo ello: seguir ostentando el poder institucional mediante la Presidencia de la Generalitat. Costes y beneficios. Sumas y restas. Cualquier fórmula era mejor que ir a elecciones. El Excel de la política. Lo que se debía hacer estaba claro. Cómo hacerlo era toda otra incógnita.
Si la renuncia de Mas despejaba la investidura, quedaba por resolver la estabilidad y las votaciones parlamentarias. Y todo debía resolverse en unas pocas horas. En la resolución de este nudo gordiano (estabilidad y presupuestos) la CUP debería pagar su osadía, expiar su “pecado mortal” de no investir a Artur Mas. Si para Pujol o Millet siempre ha tenido palabras de comprensión, para la CUP hay penitencia “eterna”. El precio a pagar por la CUP debía de ser draconiano, debían firmar una capitulación de tal magnitud que permitiese afirmar que el nuevo gobierno sería “fuerte y estable” y diera lugar a una de las afirmaciones que revelan el “modus operandi” de Mas y la calidad de su concepto de democrática: “Lo que las urnas no nos dieron (la mayoría para gobernar) ahora se ha corregido a través de la negociación“, en referencia a los diputados de la CUP que han de incorporarse “de manera estable” a JxSI y la obligación de la CUP de votar junto a JxSI. Los cambios y dimisiones en el grupo de la CUP los resolvió con un: “la vida es dura”, a modo de desquite personal.
Pero los hechos son tozudos. Y los hechos son que Mas ha renunciado o lo han hecho renunciar. Lo que anunció durante toda la semana que no pasaría, ha pasado. La exigencia de la CUP ha tenido su efecto. En el DAFO de CDC, las debilidades y amenazas eran mucho mayores que las oportunidades y fortalezas para encarar unas elecciones el 6 de marzo,
Lo sucedido el sábado es fruto de las debilidades de CDC y la CUP, que son de diferente naturaleza. Nada de lo sucedido el sábado en Catalunya puede entenderse sin el miedo de CDC de ir a elecciones, sin el miedo de la CUP a afrontar su división interna en medio de un periodo electoral. Sin el miedo de la ANC a ir a las elecciones en un escenario de desmovilización, lo cual también afectaba a ERC. “Ir a elecciones es el peor de los escenarios”. En eso coincidían todos.
Con el recuerdo del 20D en la retina (victoria de EnComuPodem, ERC superando CDC y ésta en cuarto lugar por detrás del PSC que daban por moribundo), la no reedición de la fórmula de Junts pel Sí entre CDC y ERC, el desgaste de Mas de ir a elecciones por no ceder y el lastre de la gestión de gobierno, la corrupción y el fracaso de “tirar el 27s por la borda” llevaban a una conclusión: si no renunciaba ahora a ser Presidente, era altamente improbable que lo fuera tras las elecciones del 6 de marzo.
La principal conclusión es que la CUP entrega su libertad de acción parlamentaria obligándose a votar junto a JxSí toda la legislatura y la manera de garantizarlo es que se acabará conformando un grupo parlamentario con miembros favorables a que en el fondo sea JxSI la que marque los límites de lo que puede votar o no la CUP, que pasa a ser un grupo parlamentario tutelado por JxSI, que a su vez estará tutelado por un President tutelado por Mas. Esta imposición a la CUP no ayudará para nada a ampliar la base social del soberanismo, ni del independentismo entre las clases populares. Ese es el relato de CDC, veremos que contiene de realidad y cuanto de propaganda para hacer más digerible la renuncia de Mas.
En fin, si se confirmase sería un precio muy alto el que paga la CUP, que ya contaba con investir un o una dirigente de CDC, el partido de la derecha catalana. Más teniendo en cuenta la idiosincrasia de una formación anticapitalista, asamblearia y de matriz antiautoritaria. El documento obliga, además, a una autonomía al grupo parlamentario que es extraña al funcionamiento de la CUP donde éste está sometido al mandato de las asambleas. Esta especie de contrato de sometimiento  ha dejado perplejo a propios y extraños.  Más allá de las consecuencias prácticas, la CUP, a ojos de muchos, ha puesto en riesgo uno de sus más preciados bienes: la coherencia política, el bien más preciado por sus activistas sociales, los que siempre están en las luchas sociales, sindicales, contra los CiE, la represión o por las libertades.
El soberanismo no para de crecer hacia la izquierda
A lo largo de estos últimos años la izquierda soberanista (incluyendo aquí a la independentista y la partidaria de ejercer el derecho a la autodeterminación) no ha parado de crecer, mientras el espacio político de CiU no ha parado de disminuir. Uno de los objetivos indisimulados de Mas, tras el 27s, ha sido romper la CUP e intentar mantener ligada a ERC. Dificultar una posible unidad de las izquierdas dentro del movimiento soberanista, en el que la victoria de EnComuPodem el 20D abría nuevas perspectivas, para impedir que la hegemonía del proceso cambiase de bando.
El debate “Mas Si, Mas No” ocultaba, o impedía, un debate mucho más profundo tras las elecciones del 27s donde la suma de JxSI y la CUP no superó el 50%. Cómo ampliar la base social y cómo continuar con un proceso de ruptura constituyente de una República Catalana. La respuesta fue apretar aún más el acelerador para complicar al máximo ese debate. El famoso “tenemos prisa”. Pero en medio de las interminables negociaciones entre JxSI y la CUP, las elecciones del 20D mostraron que la centralidad del soberanismo (y de la mayoría de los catalanes sean independentistas o no) está más cerca de ejercer un referéndum que del unilateralismo sin referéndum. Cómo llevarlo a cabo, cuándo, qué hacer si el Estado lo sigue bloqueando, cómo avanzar en un proceso constituyente no subordinado deberían ser debatidas y acordadas, de lo contrario -como ha pasado en los últimos años- es CDC la que impone su visión e ilusiones y no a la inversa.
Este diálogo entre espacios políticos que conforman lo que conocemos como En Comú, ERC y la CUP es básico, junto a las reivindicaciones y las luchas sociales y económicas para mejorar la situación de centenares de miles de familias que viven en condiciones de extrema dificultad.
La designación de Carles Puigdemont y su investidura dan un respiro a CDC, a su refundación, piedra angular de la estrategia para superar la sombra de Jordi Pujol, y concebida siempre como partido en el poder, le permitirán encararla sin pasar por las urnas. Cierto. Pero también es un tiempo precioso para la izquierda transformadora, rupturista para dialogar, compartir y construir conjuntamente una propuesta de país basada en la justicia social, en los valores republicanos de la libertad, la igualdad y la fraternidad. En el derecho del pueblo catalán de decidir su futuro y también optar por su independencia. De concebir cómo debería ser y cómo debería forjarse una República Catalana sea independiente o decida libremente convivir con el resto de pueblos en igualdad de derechos. Un país gobernado para la mayoría y no por y para una minoría.
La imposición de CDC dentro de JxSi y a la CUP sirve para mantener el poder y su hegemonía, pero también para desdibujar los trazos de clase dentro de la reivindicación de los derechos nacionales de Catalunya y su derecho a decidir, sirve para desdibujar los trazos entre explotados y explotadores, entre quienes aplican las políticas austericidas y quienes las sufren. Y esto es cada vez más evidente, no sólo por la crisis, sino también porque no paran de crecer las desigualdades.


El gobierno Puigdemont será un gobierno débil y pronto surgirán nuevas y más graves contradicciones entre CDC y ERC que las que hubo en la anterior legislatura. Lo iremos viendo a medida que los pasos a dar se tengan que concretar.

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